Tehuacán, Puebla.– La reciente marcha en apoyo a Miguel N., conocido como “El Animal”, no solo generó presión social en torno a su proceso legal, sino que también expuso un riesgo grave para la bioseguridad del Valle de Tehuacán, una región cuya economía depende directamente de la producción avícola y porcícola.

En la movilización participaron trabajadores vinculados a granjas y centros productivos, rompiendo protocolos básicos que existen para evitar la propagación de enfermedades entre unidades.

Estas medidas no son opcionales: previenen brotes que pueden provocar pérdidas millonarias, cierre de operaciones y afectar el sustento de miles de familias.

El riesgo no fue menor. La concentración de personal operativo fuera de entornos controlados, por motivos ajenos a la actividad productiva, expuso innecesariamente a toda la industria regional.

A esto se suma el señalamiento sobre el papel de asociaciones avícolas y porcicolas, cuya función es proteger la sanidad y estabilidad del sector, no involucrarse en movilizaciones vinculadas a intereses personales o procesos judiciales. Permitir o tolerar este tipo de participación desvía su misión institucional y debilita la protección sanitaria.

Este escenario ocurre mientras el proceso legal contra Miguel N. continúa y tras su traslado al Centro de Reinserción Social de San Miguel, en la ciudad de Puebla, una medida tomada por autoridades penitenciarias ante condiciones que exigían restablecer el control institucional.

La bioseguridad no es un tema político. Es una barrera que protege la economía regional. Haberla puesto en riesgo por una marcha representa una imprudencia cuyas consecuencias pudieron afectar a todo Tehuacán.