Ciudad de México.– Durante casi tres siglos permaneció oculta bajo tierra una de las escultura más imponentes del mundo mexica: la Coatlicue, un monolito de 2.52 metros de altura tallado en piedra andesita.
La pieza representa a Coatlicue, deidad asociada con la tierra, la vida y la muerte, y es reconocida por su característica falda formada por serpientes, de donde proviene su nombre.
Su historia dio un giro el 13 de agosto de 1790, cuando trabajadores que realizaban obras en la Plaza Mayor de la Ciudad de México encontraron la monumental escultura.
Después del descubrimiento, la pieza tuvo distintos destinos e incluso volvió a ser enterrada temporalmente debido al temor de que pudiera favorecer el resurgimiento de antiguos cultos indígenas.
Actualmente, la Coatlicue puede admirarse en el Museo Nacional de Antropología como una de las piezas más representativas del legado mexica.