Tehuacán, Pue. – En Tehuacán el diagnóstico es cada vez más claro: el problema no es la falta de micrófonos, sino la ausencia de estudio jurídico. La figura del vocero de la defensa, encarnada por Carlos Tress Ogazón, se ha convertido en un ejercicio reiterado de ruido sin técnica, acusaciones sin sustento y declaraciones que confunden la plaza pública con el juzgado.
El patrón se repite. Cada entrevista suma adjetivos y resta argumentos. Cada aparición presume certezas que no constan en autos. Y cada imputación lanzada al micrófono carece de lo único que sostiene un proceso penal: prueba.
Uno de los momentos más cuestionados no fue jurídico, sino humano: la exposición pública de la madre del imputado como recurso emocional para pedir libertad. Más allá del impacto mediático, la escena no movió un solo expediente. Dejó, eso sí, una señal preocupante sobre la solidez real de la defensa. Mencionando abogados que ni se encuentran en el caso.
Cuando un proceso penal intenta ganarse con lágrimas ajenas y no con argumentos propios, el mensaje es contundente: no hay defensa técnica suficiente. Y cuando el vocero insiste en esa narrativa, lo que queda en evidencia es la precariedad del equipo legal.
El contraste es evidente. Mientras el proceso penal sigue su curso conforme a derecho, la estrategia de Miguel Ángel N. Alias «El Animal» ha privilegiado el ruido, la presión social y el espectáculo. El resultado está a la vista: más entrevistas, menos avances.
La lección penal es conocida: los expedientes no se conmueven por aplausos. Se resuelven con pruebas. Cuando el micrófono pretende sustituir al Código, el Código termina imponiéndose.
En Tehuacán, el mensaje parece entendido: menos micrófonos y más carpetas; menos voceros y más litigio. Porque el derecho penal no es teatro, y la ciudad ya aprendió a distinguirlo.